sábado, 7 de marzo de 2009

El PRI queretano…entre la división y la servidumbre


Han pasado casi 12 años desde que el PRI en Querétaro ya no tiene el poder.

Para los viejos priistas, la pérdida de aquellos tiempos de gloria, cuando todo dominaban y todo se podía, fueron producto de toda una concertacesión política, donde el último gobernador priista, Enrique Burgos García habría permitido que el voto de los maestros y la operación política externa terminaran dándole el primer triunfo al PAN en la figura de Ignacio Loyola Vera, un mediano empresario que el mismo día de su triunfo no sabía cómo asimilarlo.

En ese entonces se habló de recobrar el poder para los tricolores,. Sin embargo, los últimos 2 sexenios han sido para las dirigencias del PRI estatal un mar de tranquilidad, dejando para otros tiempos y espacios la crítica y el trabajo partidista dignos de una organización en la oposición. De hecho, tanto en el congreso local como en las alcaldías, la sumisión al ejecutivo ha sido tal, que algunos de los diputados locales priistas “operan” políticamente para el gobernador en turno.

Todo en aras del los apoyos y llevar la fiesta en paz.

Sin embargo, fue en el actual sexenio que el PRI dejó de plano su papel activo como contrapeso político. Los presupuestos se han autorizado prácticamente sin complicaciones y en tiempo y forma. En temas nodales como la propia reforma constitucional y las reformas a la carta magna estatal, los priistas dejaron la tarea en manos de un solo diputado; el convergente Marco Antonio León Hernández, quien casi de manera discrecional y en el despacho de su propia casa hizo los cambios. El PRI pues, solo levanta dedos y calla voces.

De hecho, no se puede entender el crecimiento del PAN en la entidad si la complicidad y el apoyo del tricolor. Más allá del discurso, los grupos priistas encabezados por Jesús Rodríguez han creado un amasiato con el gobierno estatal y dejan abierta la puerta para que el partido blanquiazul se mantenga en el poder.

LA HERENCIA DE MARIANO

No es ningún secreto que aún después de casi 3 sexenios, la mano que mece la cuna de la política local sigue teniendo a Mariano Palacios Alcocer al mando.

Mariano, si bien es considerado como “ el villano preferido” de Querétaro, tiene despegados aún sus tentáculos y lo mismo mantiene relaciones con el actual gobernador Francisco Garrido que con sus grupos de apoyo. Hoy la cercanía entre él y el senador e hijo del ex gobernador Antonio Calzada, José Calzada Rovirosa deja mucho que desear en la imagen de un PRI que presume renovarse y tratar de vender nuevas figuras políticas. Si la cercanía de Calzada con Palacios Alcocer sigue siendo evidente, podrían darse votos de castigo en contra de esa relación.

Los discursos y las declaraciones de los priistas en su 80 aniversario dejan en claro que Querétaro no será su frente de batalla. Es más, el fantasma de la negociación política es un escenario factible para devolverle al partidazo lo que algún día, también vía una negociación se les otorgó. Al PRI no le faltan ganas. A los queretanos, nos queda claro que la concertasec ión entre priistas y panistas sigue siendo bajo el signo del dinero, la alternancia negociada

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