Morelia, Mich,- El oficio del periodista es maravilloso, pero cómo duele no poder hacer nada por cambiar realmente las cosas, aún cuando tan solo contarlas debería ser un detonador de conciencia colectiva…
Empaco mis cosas después de unos días en esta hermosa ciudad para viajar a las oficinas centrales de REPORTE ÍNDIGO en el D.F. y me cae que voy un poco entre encabronado con la vida y al mismo tiempo reflexivo por lo visto, oído y encontrado. No cabe duda; este país ya perdió la inocencia y no nos dimos cuenta cuándo nos la quitaron a punto de violaciones tumultuarias, propinadas por los hombres en el poder y ejecutadas por los del narco y la corrupción.
Aún me quedan en la mente las palabras de un empresario morelense que entre enojado y frustrada me decía cuando me platicaba del atentado de la noche del 15 de septiembre...” esto ya se chingó…yo mejor me voy a otro lado…”. Junto con esa expresión recordé lo que apenas publicamos en INDIGO la semana pasada cuando se oficializaba la salida del país del dueño de los diarios REFORMA, EL NORTE, MURAL y PROVINCIA, Alejandro Junco de la Vega hacia los Estados Unidos “por no existir garantías para vivir aquí”, le decía en una carta al gobernador de Nuevo León, Natividad González Parás.
¿Qué diablos está pasando? Y lo peor, ¿Que jijos estamos haciendo para que no pase?
Me pareció cómico ver el show de Calderón y sus funcionarios el día 17 llegando a la plaza principal, entre una exagerada seguridad y el cobijo mediático que le permite darnos la imagen del presidente fuerte y decidido. Bueno, hay hasta quienes se la creen y lo defienden, pensando que Calderón está a punto de resolver las cosas…si supieran.
Veo al gobernador de Michoacán, Leonel Godoy con cara de asustado y compungido. Como si no se supiera en Morelia que el atentado es una advertencia para que cumpla lo que pactó con “La Familia” debido al apoyo financiero a su campaña y otras más y al dinerito repartido entre sus funcionarios.
Y veo a la gente, entre asustada y enojada. Imposibilitada a hacer algo, porque no les toca, no pueden y algunos de plano, ya ni quieren. Ahí estábamos todos, en un show mediatizado, sangriento, sin recordar que no solo hubo muertos y heridos, sino una sociedad rebasada, violada y condenada a ya no ser más la de la tranquila provincia mexicana…
Llego al D.F. e increíblemente, la veo más tranquila que de costumbre…¿Nos estaremos acostumbrando a la violencia, la corrupción, la podredumbre de los medios y la impunidad de sus gobernantes? A lo mejor. Por lo pronto escribo mi reportaje y duermo. Mañana es otro día para una batalla que gracias al corrupto e impune de Genaro García Luna y sus comandantes Lore estamos perdiendo.
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domingo, 21 de septiembre de 2008
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