El gobernante debe estar hecho de varios ingredientes muy importantes. Primero debe ser un hombre – o ahora mujer- con una gran visión de gobierno; que tenga claridad de mente para poder concentrarse en los grandes problemas de hoy, pero también la sensibilidad de ir construyendo las soluciones a mediano y largo plazo de los problemas que en la coyuntura de un futuro no lejano se vayan dando, producto de la realidad del hoy. Debe entender la realidad social, no solo la de los mítines y recorridos de campaña, sino aquella cotidiana. Que tenga la sencillez y la humildad para reconocer que una sola decisión mal tomada, afecta a un ciudadano con nombre y apellido y no a un número en un padrón ciudadano.
Que sepa que su responsabilidad como gobernante es tan grande que influye no solo en lo que le llaman ciudadano o elector, sino en un ser humano con derechos a una vida mejor.
Pero además, estoy convencido que debe ser un ser humano excepcional.
Debe tener la bondad para ser sensible a la pobreza, al dolor humano y a la esperanza que su gobierno da a sus conciudadanos. Pero a la vez, debe ser duro e inflexible en las decisiones tomadas, sin atemorizarse por los intereses afectados que no respondan a la verdadera esencia de darle a la mayoría una forma mejor de vivir. Debe no ser un santo, pero si vivir en la congruencia de aquel que tiene el privilegio de representar a la mayoría, tras la confianza depositada a través de un voto. Debe tener ante él- o ella- el temor a las leyes que juró respetar y hacer respetar.
Debe ser un ser humano que sepa que su responsabilidad actual, la del día a día de gobierno, no debe basarse en el monto de su recompensa económica, sino en el legado que dará a su gobierno, a su familia y a quienes les tocó gobernar.
Debe vivir convencido de que estar al frente de un gobierno es un honor conferido, no por una supuesta superioridad ante los demás, sino por ser quien debe garantizar que los demás ciudadanos, cumplan con su parte de generar los recursos y el crecimiento que a él le toca administrar.
Debe ser un gobernante que disfrute el reto diario de servir; que tenga la conciencia que cada minuto de su gobierno es sagrado, porque está contado. Que no es un gobernante infinito, sino finito y por ello debe saber que no puede desperdiciar ni un minuto de “juego en la cancha” antes de que, dirían, suene el silbatazo final.
Podría escribir muchas cosas, pero creo que Tú me entiendes. Es por eso que hoy me preocupa tanto ver, oír y percibir que nuestros actuales gobernantes no cumplen con estos elementales requisitos y que quienes quieren ser, no están preparados. Que no conocen los problemas reales de la ciudad, de la comunidad o de la colonia y que si los conocen, es a través de las “tarjetitas informativas” que les pasan para que respondan con números lo que ignoran con su percepción.
Hoy con sus “guerras sucias” solo nos demuestran que están preocupados por tener, no por proponer y por llegar que por resolver.
Ojala que en las elecciones del próximo año, no evaluemos a los candidatos para gobernar por lo que prometen, por sus discursos ni por su sola campaña. Ojala que nuestro próximo gobernante nos convenza por la contundencia de sus hechos cotidianos, basados en lo que ha hecho y no solo en lo que promete que hará.
Ojala que tengamos como líder a ese ser humano excepcional, porque hasta hora, solo hemos sido gobernados por los mentirosos, los corruptos y los de doble moral.

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